La oralidad desde las Cantoras de la Concepción: la palabra cantada*

 

Edizon Léon Castro

Los mayores son 

nuestros testigos, y 

de su palabra 

tenemos mucho que  aprender 

Abuelo Zenón- Juan García Salazar (1)







                                                                          Rezanderas de la parroquia de la Concepción  Foto: Patricio Estévez 


Si bien el dilema y la confrontación/opisción en la lógica de ese binarismo mal intencionado entre la palabra dimensionada en la oralidad y la escritura, ha bajado de intensidad, persisten prejuicios epistémicos, que se reflejan en lecturas de quienes jerarquizan la escritura frente a la oralidad y con ello, han aportado a la configuración de una geopolítica desde el criterio de los países cuyos pobladores-ciudadanos han hecho un uso específico y predominantes de la escritura y oralidad. 


Es frecuente aún referirse a pueblos sin escritura, y con ello, son catalogados en unas escalas epistémicas y subjetivas por debajo de los pueblos con escritura, éstos últimos como sinónimo de pensamiento y conocimientos modernos, en contraposición con los pueblos sin escritura como sinónimo de pueblos primitivos. La “actitud de menosprecio” o de inferiorización, es el resultado de una práctica racista-colonial del pensamiento moderno-colonial como una forma de garantizar la dominación. Por ello, Mignolo planteaba que lo que aseguraba la diferencia entre la superioridad del hombre civilizado sobre el bárbaro, era la posesión de un sistema de escritura como la alfabética. 


Así la escritura se constituirá en un dispositivo, y un mecanismo de poder entre quienes la poseen y quienes no, y esto llevará a creer que la escritura es la medida de mayor o menor humanidad. Pensar que la escritura era el único camino hacia el conocimiento, la creatividad, las artes, nada menos equivocado. 


Pues bien, sabemos que esta perversa relación entre oralidad y escritura, ha estado atravesada por relaciones de poder dentro de un contexto del colonialismo.(2)


La oralidad ligada a la palabra cantada –y no quiero abordar desde esa dicotomía con la escritura-, ha sido fundamental en el proceso de la diáspora africana en las Américas. La primera relación de la palabra la establezco con la memoria, es decir, una memoria constituida por la palabra, por la oralidad. Pero esa memoria también es un contenedor de cultura, filosofía, conocimientos y saberes, literatura, cosmovisión y cosmogonía. 


Esta oralidad no es la simple expresión o trasmisión de todos estos elementos, sino que la palabra es parte constitutiva de ellos, es la estructuración filosófica de la cultura en su más vasta dimensión. 


La oralidad como reservorio de sabiduría, y no como apéndice, como algo superado después por la imagen o por la escritura…la oralidad como vehículo sígnifco e intermediario en la fijación de los sistemas de conocimientos, los criterios, los conceptos, los cánones, las imágenes y las formas históricas de trasmisión y comunicación en una cultura, la oralidad poética…(3)


Por tanto, la oralidad tienen una estructura que le ha permitido a los pueblos de origen africano, reconstruir sus mundos y expresarlos, en ese sentido, se ha convertido en uno de los puntales de la existencia de los hombres y mujeres de la diáspora africana. 


La oralidad ha posibilitado desde sus postulados sociológicos fijar comportamientos humanos y comunitarios, características y estilos de rituales, creencias religiosas, fórmulas de curación y conservación de la salud, método de construcción de instrumentos, medios de trabajo, vivienda, organización del trabajo, formas de alimentación, de vestuario, de costumbres y la estructura jerárquica de la comunidad, todo lo cual trasciende de una época a otra gracias a la memoria de los hombres…(4)


Quería usar este breve contexto explicativo para poder abordar la oralidad desde la palabra-cantada en la producción del material oral de Cantos de las Siete Palabras, celebración de Viernes Santos en la Concepción, como parte de la festividad religiosa de la Semana Santa en Territorio Ancestral Afrochoteño, de manera específica en la parroquia de la Concepción. 


En este caso concreto la oralidad está encarnada en la espiritualidad, desde esa imposición de la religión católica por parte de los jesuitas y que hace parte del repertorio de la esclavización, pero que sin embargo, lograron resignificar a partir de su memoria ancestral, para luego reconstruir propios sentidos de vida, lo que Adolfo Albán llamaría reexistencia y Arboleda suficiencias íntimas.(5) 


Rezanderas de la parroquia de la Concepción  Foto: Patricio Estévez 


Desde esta espiritualidad ligada a la palabra y a la memoria, se hizo la produción de los Cantos de las Siete Palabras,(6) que es una liberación del alma, es una huida de ese sistema de opresión, por tanto deben ser asumidos como cantos de resistencia y esperanza, y al mismo tiempo hacen parte de esa ritualidad que tiene su matriz africana.  Las raíces africanas se advierten  en forma llamado y respuesta, donde la cantora principal “dialoga” con el coro enunciando una frase, tras la cual recibe una respuesta colectiva. En estas oralidades cantadas se suman los saberes de la comunidad y el pensamiento ancestral que expresan sus concepciones cosmogónicas. 


Sabían y sentían que a través de sus cantos podían retomar, llamar y hablar con sus dioses, volver a la memoria de sus tierras de las cuales fueron arrancados, volver a sentir-se que era lo que daba sentido a su humanidad. Sin evitar que también fuera un medio para liberar angustias, afectos, impotencias y violencias acumuladas. (7)


Las mujeres cantoras de la Concepción, están marcadas por esa espiritualidad enraizada en sus ancestros y ancestras, quienes han ido marcando el camino desde la palabra para construir memoria y trasmitir a las siguientes generaciones, es por ello que constituyen y hacen parte del patrimonio cultural y religioso-espiritual de nosotros los afrodescendientes. 


Sus cantos insertos en la oralidad, son esas semillas de las siembras culturales que nos hablaba el maestro Juan García Salazar, “Hablar de las siembras culturales es hablar del cultivar, de hacer producir, de perpetuar las semillas culturales que los y las mayores sembraron en el espacio del territorio y que perduran hasta hoy día”, el maestro siempre hablaba de “pensar sembrando”, y nosotros bien podríamos decir que lo hacen estas cantoras es “cantar sembrando”, es decir, regar las semillas en el territorio ancestral para que sean cultivadas y de esa manera se continúe con la tradición. 


 Escucharlas cantar a estas cantoras es un desgarramiento del alma desde lo profundo de la existencia misma, son los mismos spirituals o gospel de los afroamericanos de los Estados Unidos, que eran cantados en las plantaciones incialmente y luego en sus iglesias….La palabra cantada. 


Rezanderas de la parroquia de la Concepción  Foto: Patricio Estévez 

Si bien en sus cantos buscan reflejar el dolor de la muerte de Jesús en el ámbito del catolicismo, es al mismo tiempo un canto a todos sus muertos, un llamado a sus ancestros para tener su protección. Es la función de esta oralidad expresada en los cantos de estas mujeres de tradición. 


No está muy lejos el tiempo cuando la cultura del pueblo afroecuatoriano se transmitía de manera exclusiva por la oralidad. Todo lo que se aprendió sobre nuestro ser, sobre nuestras historia y nuestra identidad cultural lo aprendimos gracias a la palabra de los mayores, es por ello que la oralidad en la construcción de la existencia afrodescendendiente en todo el proceso de la diáspora africana ha sido un pilar sobre los que sostiene la afrodescendencia. 


Una buena parte de la historia de nuestro pueblo, quedó registrada y se guardó por cientos de años en la memoria colectiva de las comunidades, y de manera particular en la oralidad cantada de estas mujeres cantoras. Hoy gracias a esa memoria oral celosamente guarda en la memoria de los ancianos podemos reconocernos y sobre todo pertencernos como un pueblo dueños de una particularidad cultural de claros orígenes africanos.


Es así, como la oralidad de la palabra cantada expresada muchas veces de manera implícita, es lo que ha configurado la “experiencia negra”, esto no es más que mirar como estas mujeres cantoras afrodescendientes, están atravasadas por la experiencia histórica de la diáspora africana, tanto de la esclavización como de sus resistencia, para construir desde su pertenencia y su identidad. 


Estas son las potencialidad de una oralidad que no está sujeta y menos obligada a pensarse desde la relación con la escritura. Una oralidad que es asumida desde unas relaciones de poder que ha constituido a las personas que se pertenecen a la diáspora africana. 


La tradición mandaba: Usar la fuerza de la fuerza de la palabra para trasmitir de generación en generación los valores espirituales que alimentan la fe y fortalecen el espíritu. Trasmitir los distintos los saberes curativos que mantienen el equilibrio entre el ser humano y la madre naturaleza como mandato para garantizan una vida digna.


Por eso, resulta triste ver que en los últimos tiempos, los testigos de la memoria colectiva han perdido su rol de guardianes y trasmisores de estas herencias culturales. La cultura dominante con sus promesas de modernidad y su poder sobre las nuevas generaciones ha creado una brecha y una desvalorización de esa memoria oral sembrada en los territorios. 


Es por ello, que el maestro Juan Gacía Salazar insistía mucho en el encargo generacional que tenían los y las jóvenes: 


Los de mi generación escuchábamos a nuestros mayores narrando, cantando, explicando y nuestro corazón, nuestra mente estaban listos para aprender a través de la trasmisión oral de sus conocimientos, de sus saberes. El encargo generacional de nuestra generación, era de aprender escuchando. Pero ahora eso ha cambiado.(8) 


Una oralidad que busca no sólo desafiar al tiempo, sino también al poder y al mismo tiempo seguir aportando a ese sentido de comunidad. 




Notas: 

* Este pequeño artículo fue elaborado para la plataforma Web Memoria Sonora de Poesía Ecuatorianadel Colectivo Oído Salvaje. http://poesiamanoamano.com/edizon-leon/

(1) Juan García Salazar y Catherine Walsh, 2015. https://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/5178/1/Walsh%2c%20C%20y%20Garcia%2c%20J-Memoria%20colectiva.pdf 

(2) Con esto no pretendo decir que esta relación entre la oralidad y escritura no se encuentre mucho antes del colonialismo en las Américas. 

(3) Francisco López, 2010, “Ifá, carácter y destino”, en Ifá Santa palabra: Concepto ético sobre el carácter y la ancianidad., de Adían de Souza. 

(4) http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/FIELD/Havana/images/Fundamentos_teoricos_acerca_de_la_oralidad_02.pdf

(5) Santiago Arboleda. Le han florecido nuevas estrellas al cielo: suficiencias íntimas y clandestinización del pensamiento afrocolombiano. 2011.”(…) suficiencias íntimas, entendidas como cúmulos de experiencias y valores siempre emancipatorios; reservorio de construcciones mentales operativa, producto de las relaciones sociales establecidas por un grupo a través de su historia…”

(6) Una colaboración entre el Fondo Documental Afro-Andino de la Universidad Andina Simón Bolívar y Oído Salvaje como parte de un proyecto de investigación con Latin American Studies Association-LASA.

(7) Edizon León. La música del Valle del Chota y la re-existencia. 2015

(8) Juan García Salazar y Catherine Walsh, 2015. https://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/5178/1/Walsh%2c%20C%20y%20Garcia%2c%20J-Memoria%20colectiva.pdf 





















Doña Belermina: la Mama grande de Tumbatú

Edizon León Castro 
Fotos: Archivo Edizon León 
                    

Foto: Archivo Edizon León 
                                                                  

A pesar de su carácter tozudo, fuerte y hasta cierto punto tosco, está llena de una ternura forjada con los años a pesar de las adversidades. Cuando le pregunto por su nombre, me responde con una sonrisa sincera, “Yo me llamo María Belermina Congo de Jesús y unas yerbitas más…” y a continuación me clava su mirada dulce como la panela. Y continúa, “Mi padre era Teodoro de Jesús Congo y su madre María Idubijes, los dos oriundos también de Chalguayacu”.

Doña Belermina no tiene problema en abrir-me su memoria para contar fragmentos de su vida. Nacida en Chalguayacu y criada en El Juncal, dos comunidades que están dentro del territorio ancestral del Chota (entre las provincias de Imbabura y Carchi), con una mujer que se llamaba Eulalia de Jesús y que era dueña de un hotel. Ella siendo aún adolescente se hizo responsable de la administración  y con cierto orgullo dice que “manejaba la llave de la riqueza de ella” refiriéndose a su tía Eulalia, y justamente “…como el marido tenía sus mocitas, él sabía sacar cositas para regalarles a ellas”, de allí la importancia de la confianza que su tía había depositado en la joven Belermina quien se convirtió no sólo en la administradora sino en la custodia de sus “riquezas”.

Me conversa sentada junto al horno de pan de barro en su humilde casa en Tumbatú, no afloja la conversación en ningún momento y la retoma de manera inmediata, “En cambio yo la llave le tenía bajo siete llaves, por que no quería que ni las hijas vean y cojan las llaves que yo manejaba; por que yo siempre he sido negra, hija de buenos padres, honrada, por que la honradez ha sido lo más bonito, ser negra y honrada”.

Foto: Archivo Edizon León 

A pesar de sus años y la pesadez de su cuerpo, es difícil que se quede quieta, seguramente la siembra del baile y el ritmo en su cuerpo hace que esté inquieta y se mueva permanentemente, de repente improvisa unos versos de una bomba que se le vino a la mente :

Yo por aquí yo por allá,
querida negra del alma,
hazle cuatro pedazos
querida negra del alma

Mi vida fue muy valiente,
por que mi padre me enseñó,
primero a ser honrada,
y después la agricultura.

Mientras canta estos versos, me viene la pregunta de ¿cómo era su niñez?

Cuando yo era niña, recordaba el picar leña, para hacer carbón, hasta ahora que me estoy envejeciendo, yo he sido criada con el  hacha, el machete y la barra, por eso tengo toda herramienta aquí en mi casa, por que la herramienta que han manejado los de antes yo le manejo hasta ahorita que vengo tapando un carbón...

Con este testimonio comprendo que desde su niñez la tierra y la agricultura han moldeando su existencia, y por supuesto su carácter. Pero luego insisto en la pregunta de saber cuáles eran sus juegos de niña:

Yo jugaba a la pelota de tabla, por aquí tengo la tabla, capaz que mi mamita y mi papá sabrían decir, que si yo hubiese sido kari, no hubiese sido así de valiente para un trabajo y para el juego. A mi me invitaban a jugar a la pelota por todo Chota, yo con la tabla les ganaba a esos hombres…

Es inevitable no hacer el ejercicio de imaginarla jugando cogida de su tabla y con sus polleras en medio de cuantos hombres. Pero como buena matrona de tradiciones, vuelve a la conversa con los valores aprendidos de sus padres:

Entonces yo he sido una mujer que mi padre me ha enseñado, en primer lugar a ser honrada y a trabajar, por que del trabajo ha sabido venir muchas cosas para la vida de uno.

Es muy fácil entrar en confianza con doña Belermina, por su apertura y lo empalagosa que resulta su conversa, y eso me genera más curiosidad por su vida. Quiero saber qué recuerdos tiene de la época del huasipungo:

Claro, mi padre tenía un huasipungo en las playas de Caldera, y sabe que?
A yo (a mi) y a mis hermanos, ya nos decían de noche,

-verás Belermina, mañana vas vos a coger hoja para liar el plátano, Teodoro vos vas a cortar el plátano y pasar a la choza, a las cinco de la mañana levantaránse guaguas.

Porque vivíamos en Chalguayacu y de ahí pasábamos a Juncal y como yo no era tonta para que no nos cague (pegue) mi papacito, porque nos pegaba fiero, yo cá, sabía madrugar solita, yo les despertaba a mis hermanos para que vayamos breve al trabajo de la huerta a Santa Martha de Chalguayacu porque allá estaban nuestras huertas donde sembrábamos, yo ya sembraba solita, yuca, camote, papas, cosechaba buenas papas sembrado de mí, por eso yo agradezco a mi padre, que me enseñó la agricultura, a lavarme la cara con ambas manos, porque con chulla mano no se lava bien la cara, pero con ambas manos coger agüita y cubrirse, lavarse  la cara, que lindo que ha sido.
                                                                               
La conversa es ligera y ella siempre relaciona su palabra con la tierra, la memoria, sus padres, pues además siendo la mayor de las hijas y con la muerte temprana de su madre, pasó de hermana mayor a ser la mamá de la casa. Al igual que la mayoría de las mujeres antiguas, no tuvieron oportunidad para estudiar, pues su condición económica por el sistema del concertaje no les permitía:

Verá, mi papacito, por eso digo yo , por una parte, mi padre me hizo un mal, pero por otra parte, mi padre viendo que yo era una mujer de ambiente que me gustaba el trabajo, me sacó de la escuela, no me tenía ni dos meses, cuando me dice con lágrimas en los ojos.

-Vé Belermina, salíte de la escuela, no hay quien mantenga la casa…

Por que mi madre se murió guambrita y él se postró joven.

Cuando apenas tenía 17 años tuvo su primer hijo, y me cuenta con la gracia y picardía propia por su persona: “…yo habré tenido 17 o 18 años cuando tuve a mi guaguito, porque me hicieron el mal pues, será que yo mismo ya quise no…?”, al terminar la frase suelta una gran carcajada como de descaro.

La vida de antes era cosa buena….

A pesar que su vida ha sido dura como la mayoría de las mujeres de su época, -pues estaban bajo el régimen de la hacienda-, y con patrones que se creían dueños de la vida de los trabajadores, ella tiene una buena nostalgia de los tiempos de antes, cosa que me llama la atención, pero luego entiendo que en asunto de actitud frente a la vida; resiliencia :

La vida de antes era cosa buena, cosa linda, las comidas de antes no eran fumigadas, como ahora comimos todo fumigado, porque antes, comerse un arroz de cebada con esos charques grandes de carne en el arroz que delicia vea.

Lo que más le gustaba a mi padre era el sancocho de carne, en ese tiempo había ollas pero no había platos, y comíamos en cazuela, dos, tres, hijos en cazuela que eran de barro… Antes nosotros mismos, pelar cuche, como teníamos pollos, sabíamos pelar dos, tres pollos para el almuerzo porque éramos hartos hermanos.

Ahora me habla un poco de su primer marido que estaba ligado  a la hacienda:

En la hacienda sabe que mi marido era hornero; de aquí subía a San Vicente a hornear él y el compadre Custodio Quinteros….horneaba en el trapiche para que salga el dulce, entonces, de aquí íbamos yo y la comadre Esther a dejarles la merienda y ayudarles a hornear, para que descansen nuestros maridos, éramos bien horneras, mejor que nuestros maridos.

De esta manera no sólo se ocupaban de la casa sino también colaboraban con el trabajo de sus maridos.

Si bien tiene estos recuerdos alegres, también hay memoria del trabajo duro y maltrato sufrido en las haciendas, en la que ella trabajaba era de la Beneficencia y ahí no había diferenciación para el trabajo entre hombres y mujeres, como bien lo conversa doña Belermina:

A mí mandaban hacer trabajo de hombres, por eso decía Carlos Insuastes [era el mayordomo], que de dios goce, que si todos los hombres o mujeres fueran como esta mujer, fuéramos de otra forma, decía. Yo para hornear y para sacar el dulce era número uno. Yo preñada trabajé en la  hacienda, con que barrigota yo trabajaba en la hacienda…yo he sufrido harto.

Le pregunto cómo trataban a los trabajadores en la hacienda, con el fin de saber desde su memoria la vida en las haciendas:

A mi, una vecita Don Carlos me pegó ¿y sabe lo que hice?

Yo para desquitarme, le esperaba a la hora que él llegaba al trapiche a ordenar, ahí le esperé y le esperé, cuando llegó a entrar por la puerta, cogí un palo y le dije, me pegaste  ayer y le di tres palazos. Luego el mayordomo me fue a demandarme ante las autoridades.

Y alguien me dijo:

-Belermina, fúgate, córrete, Carlos fue a demandarte.

Yo me fui a Ibarra a donde una familia, a estarme allá y de allá vine vuelta a los 15 días a seguir trabajando en la hacienda, me cogió miedo ese mayordomo y el patrón. Nunca más me volvió a pegar, en cambio con los otros trabajadores era bien abusivo ese mayordomo. Y lo que más nos molestaba era que éste era de los mismos nuestros.


 Foto: Archivo Edizon León 


                                                                         
Doña Belermina trabajó en la hacienda por mucho tiempo donde tuvo a sus ocho hijos (en total tuvo 14 hijos), mientras estaba “en cinta” le hacían trabajar sin consideración alguna.

Cuando termina este relato de la vida en la hacienda su rostro ya se había puesto triste y su voz algo apagada y pausada que expresaba sufrimiento.

Le pregunto cómo era en su tiempo el pueblo de Tumbatú

No había muchas chocitas, había una casa de uno que llamaba Víctor Palacios, era mochito de ambas las piernitas. La otra chocita era de un Leonardo Palacios, hijo de Víctor Palacios, otra de una señora Balbina Lara y la de David Lara, que sabía la bomba tocar, y sabían decir que es compactado con el diablo.


Fui de las primeras que bailábamos con la botella….

Foto: Archivo Edizon León 
                     
Luego de su orgullo por ser mujer trabajadora de pico y pala, y retar permanente en varios ámbitos a los hombres, su otra presentación es su relación con el baile y la música. Sobrina del músico maestro David Lara, de quien se decía que se había compactado con el diablo para aprender a tocar bomba.

Mi tío David cuando venía  a tocar y como sabía que me gustaba el baile nos invitaba  -a ver mi sobrina véngase a bailar que le voy hacer regolgoriar  la bomba

Y como tocaba ese hombre la bomba que bestia!!!

Regolgoriar significa alentar, porque alentaba con esta mano, y con esta (alza su mano izquierda), le hacia así la bomba y con esta le  jalaba golpes a la bomba, y con esta le hacía así (hace movimientos con el codo, como señal que expandía el sonido del golpe de la bomba con el codo),  que a una le hacía hincarse y bailar echada…

Con la comadre Franselina fuimos las primeras que aprendimos a bailar con la botella en la cabeza, mi mamita no sabía bailar con la botella, parece que antes no hacían eso…

Me siento dichoso de haber podido recoger parte de la memoria de esta hija de Tumbatú, que es la memoria del pueblo afroecuatoriano. Finalmente sin darse cuenta mientras habla de los bailes se despide a sí misma.

Hasta luego Belermina, dejarís buenas semillas, para que en esa semilla digan, adiós Belermina, volveré si no me muero.



Glosario de palabras y expresiones

Alentar: expresión propia del territorio ancestral del Chota, dar más ritmo cuando se toca la bomba
Cazuela: platos hondos de barro
Charque: pedazos de carne
Chocitas: diminutivo de choza, constricciones simples de paja y madera
Compactado con el diablo: que ha hecho trato con el diablo
Cuche: cerdo
Guambritas: palabra kichwa, niña pequeña
Hacer el mal: dejar embarazada
Huasipungo:  palabra kichwa, pequeña parcela en la hacienda
Kari: hombre en kichwa
Mocitas: amantes
Mochito: diminutivo de mocho, cortadito  
Picar leñar: partir leña
Regolgoriar :  sacar sonido no usuales al instrumento de la bomba
Una vecita: una vez
Yo cá: expresión propia del territorio ancestral del Chota




Nina Simone: la sacerdotisa de los derechos civiles

Edizon León Castro 





Nina Simone, en su autobiografía publicada en 1992, cuenta que la primera vez que tomó consciencia de la discriminación y el racismo, fue cuando apenas era una niña de 11 años de edad. Tenía que ofrecer un recital de piano y ella se negó  a tocar mientras que sus padres no estuvieran ubicados en la primera fila, pues habían sido obligados a ocupar los últimos asientos del auditorio por su color de la piel. 

Su infancia y juventud estuvo atravesada por la segregación racial de la misma manera que lo fue para todos los afroamericanos. A pesar de su talento prematuro fue rechaza en varios trabajos al igual que le negaron becas para estudiar música, uno de sus anhelados sueños, esto le obligó a formarse como autodidacta de la música clásica.

Antes de llegar a su fama, dedicó su vida a tocar en bares de poco talante como una posibilidad de ganarse la vida, Nina tenía certeza que estaba destinada para la música y esa sería su fuerza para cumplir con su sueño, a pesar que el mundo parecía confabular para que fracase.



Esta sacerdotisa del blues como le apodaron sus seguidores, entendió que debía usar la potencia de su voz, sus letras y su alma afligida, para protestar en contra del racismo y de la discriminación, y así contar al mundo de las injusticias que sufrían estos condenados de la tierra como les llamaría Fanon.

Su voz única y la contundencia de sus espectáculos como cantante, compositora y pianista de blues, jazz y soul, hizo que el mundo se rindiera a su voz y la posicionara como una de las mejores cantantes afroamericanas. Sin embargo, detrás de esa fama en los escenarios estaba su militancia política en favor de los derechos civiles, lo que ha hecho que en algunas universidades se estudie su biografía. Esto, a pesar de ser una fase fundamental en su vida, es un lado que pocos conocen de Simone.

Muchos de los temas de sus canciones fueron una respuesta radical a la política racista de la sociedad norteamericana, entre sus creaciones figuran:, (Ser joven, dotado y negro), Blacklash Blues, Mississippi Goddam (composición en respuesta al asesinato de Medgar Evers y al ataque terrorista a la iglesia de Birmingham-Alabama, en 1963, por parte de supremacías blancas y que cobró la vida de cuatro niñas afroamericanas), I Wish I Knew How it Would Feel to be Free (deseo saber como se sentiría ser libre), entre otras.



Pronto comprendió que la función social de una artista era comprometerse para construir un mundo más justo. Esta posición política le pasó factura, pues al final de su carrera, ya nadie quería grabar sus discos, y menos contratarla, porque a la sociedad le incomodaba tener a una cantante activista, contestataria e indómita, que cuestionaba el establishment racista norteamericano. Esta situación le llevó a abandonar el país y refugiarse en Barbados durante ocho años. A su regreso fue acusada de evadir impuestos, los cuales se había negado a pagar como una protesta en contra de la guerra de Vietman, su argumento fue, que su dinero no servirá para financiar guerras.

Tras la muerte el líder Martín Lutherking quien se convirtió en su hermano de lucha, se le acusó de estar vinculada con movimientos negros armados, y fue perseguida, situación que le obligó a huir a Liberia, un país africano al que habían retornado muchos afroamericanos que fueron  esclavizados. Su último autoexilio fue París, donde volvería a tocar en bares de mala muerte como en sus inicios para sobrevivir.

Los contenidos de sus composiciones tenían una poética existencial y profunda que reflejaba los conflictos de su vida, su música siempre fue contestaria, utilizó su voz y música para luchar contra el racismo y la segregación racial.

Así lo expresa una de sus letras:

“Desearía poder dar/el amor que siento. Derribar muros/que nos mantienen distantes. Desearía poder saber/que significa ser yo. Entonces entenderías y coincidirías/que todos deben ser libres...”.

Su nombre de Nina (se deriva de niña), alías que su compañero sentimental usaba para llamarla cariñosamente, y Simone por la admiración que tenía a la actriz francesa Nina Signore.

Como si no tuviera suficiente con su vida atormentada también sufrió de violencia doméstica en su segundo matrimonio que duró cerca de una década, con su marido quien también fuera su manager y padre de su única hija, al que finalmente terminó abandonándole. El racismo y machismo, fueron dos compañeros que compañaron largos tramos en la vida de Nina Simone, sus letras y su temperamente dan cuenta suficiente de esto. 

En el año 2015, se realizó un documental que narra facetas sobre su polémica vida, Whas happened Miss Simone? (Que pasó señora Simone?), que además de una nominación al Óscar, el controvertido retrato de esta leyenda de la música, ganó un Emmy al mejor documental.

Nina Simone siempre fue consecuente con su vida y sabía que sin libertad no había existencia, y eso daba sentido a la lucha, “Como le dices a alguien lo que es estar enamorado a quien nunca se enamoró... puedes describir las cosas pero no explicarlas. Eso es para mi la libertad, un par de veces me sentí libre en el escenario y eso es de otro mundo. Para mi ser libre es no tener miedo. Ojala pudiera vivir siempre así...”